martes, 14 de julio de 2015

Capítulo X



Negué con la cabeza sin demasiado ímpetu. Al parecer el chico era más lanzado de lo que esperaba. ¿No había captado el mensaje cuando le ignoré antes?
-Me parece que tu amiga se lo está pasando mejor que tú, ¿eh?
Seguí el gesto de su cabeza, irritada, y distinguí a Lorena abrazada a un chico con aires de surfero que la sonreía emocionado.
-Ya.- Respondí secamente, pegando un trago de mi coca cola. Encima de lo ya de por sí decaído que estaba el panorama para esta noche, tenía que aparecer este a tocarme las narices.
-Si quieres, podemos remediar eso. ¿Vienes a la pista?- Me tendió la mano, con una media sonrisa bastante sugerente.
Ya iba a negarme amablemente, cuando distinguí a Carla acercándose. Tragué saliva. No la veía desde el día de la comisaría.
-Buenas.- Saludó, sin demasiado afán.- ¿Podemos hablar un minuto, Miriam?- Me dirigió una mirada que parecía decir que no era una simple petición, mientras yo aguardaba, impasible.
-Aquí te espero.- Respondió por mí el chico, ganándose otra mirada de reproche por mi parte.
-¿Qué pasa?- Le pregunté a Carla cruzándome de brazos, cuando nos apartamos hasta un rincón más tranquilo.
-He hablado con Marina, y me lo ha contado todo.- Soltó sin rodeos, mirándome fijamente.- ¿Se puede saber en qué estás pensando? ¿Qué pretendes con esto?
-¿A ti qué más te da? No puedes hablar si no tienes ni idea.- Repliqué, claramente molesta por su comentario.
-Qué ha sido, idea de Lorena, ¿verdad?- Afirmó, mientras yo la miraba perpleja.
-¡Claro que no! Ella no va de madre, ni está dando órdenes continuamente, como otras.- Poco a poco, mi sorpresa se transformó en un creciente enfado. ¿De qué iba?
-No te piques, te lo estoy diciendo por tu bien. Y ese chico con el que estás, yo de ti no me acercaría demasiado. No te conviene.
¿No sabía hacer otra cosa que decirme qué me convenía y qué no, o qué debo hacer?
-Olvídame, ¿vale? Si no tienes nada más que decir…
Y sin esperar a que me respondiera, volví con paso seguro a donde estaba el chico. Sin darle demasiadas vueltas, le dirigí mi mejor sonrisa mientras le cogía de la mano, ante su mirada divertida.
-¿Sigue en pie lo de bailar?
-Lo de bailar y todo lo que tú quieras.- Respondió mientras me cogía de la cintura, pegándome más a él, tal vez demasiado. Sin embargo, la certeza de que Carla estaría seguramente observándome desde algún sitio, contrariada, me impidió apartarme.
Comenzamos a bailar demasiado juntos, aunque preferí no preocuparme por eso. Y entonces caí en que ni siquiera sabía cómo se llamaba el chico.
-No te has presentado.- Le dije en voz alta al oído, tratando de que me escuchara por encima de la música.
-Tú tampoco.- Me sonrió, tras demorarse dos segundos más de los necesarios en mi oído.
Puse los ojos en blanco.
-Soy Miriam.- Respondí, sin ganas de continuar su absurdo juego.- Encantada.
-Ajá.- Se limitó a responder, mientras yo le miraba un tanto alucinando.
Iba a responder, cuando vi a unos pocos metros a Lorena. Liándose con su surfero. Me quedé unos segundos descolocada. Luego no pude evitar alegrarme por ella.
-Tu amiga no pierde el tiempo, ¿eh?- Comentó el chico, siguiendo la dirección de mi mirada.
-Para nada. Mejor así, ¿no?
Y aprovechando un momento del baile en que estábamos excesivamente juntos, se inclinó hacia mí hasta juntar su boca con la mía. Por un momento me quedé inmóvil, demasiado sorprendida para hacer nada. Cuando reaccioné, algo me dijo que esto no estaba bien, pero entonces recordé las palabras de Carla, y fui respondiendo al beso, sin tener en cuenta que estábamos rodeados por toda la multitud.
Me llegaban a lo lejos las palabras del DJ, aunque no estaba demasiado concentrada en ellas.
-Y ahora… Para despedir abril,…- No pude oír más. ¿Despedir Abril? ¿A qué día estábamos?
Me separé bruscamente del chico, que me rodeaba la cintura con las manos impidiéndome que apartara mi cuerpo de él un solo centímetro.
-¿Estás bien?- Preguntó, no sabría decir si con preocupación o con fastidio.
-¿Qué día es hoy?
Soltó una risa tensa.
-¿Eso es todo? ¿Qué más da qué día sea?
-¿Puedes contestar, o se lo pregunto a otro?- Repuse secamente, cruzándome de brazos.
-30 de abril.
¿Cómo podía habérseme pasado que era el cumpleaños de Marcos? En su momento, había dudado si felicitarle o no, pero ahora solo se me ocurría buscar frenéticamente una salida para poder llamarle tranquilamente.
-¿Qué hora es?
-12 menos diez. ¿Seguro que estás bien?- El chico me cogió del brazo suavemente, no cabía duda de que ahora sí con preocupación.
-Perfectamente. Tengo que salir un momento.
Y sin más explicación, me fui lo más rápido que pude abriéndome paso entre la gente para salir de la discoteca, que me parecía mucho más agobiante que hacía unos minutos.
Cuando por fin encontré una puerta, la abrí respirando por fin aliviada.
Casi me caí fuera tropezándome con un estúpido escalón que antes no estaba ahí. Estaba segura.
Un momento.
Miré a mi alrededor confusa, y comprendí que no era el mismo sitio por el que había entrado. Debía de haber dado con una salida de emergencia, o una salida trasera, o algo así. Ahora me encontraba en un callejón sin salida desde el que podía distinguir el puerto al fondo. Por el otro lado, un edificio sin ventanas impedía cualquier intento de huída en caso de necesidad.
Me moví nerviosa sobre mi posición. Este sitio no me daba buenas sensaciones precisamente, pero tomé la determinación de hacer la llamada antes de volver a entrar en la discoteca. No me llevaría mucho rato.
Tratando de darme prisa, cogí mi móvil del bolsillo de la cazadora de cuero, que le agradecía sobremanera a Lorena que me hubiera dejado, y marqué el número de Marcos.
No sé cuánto tiempo estuve parada, dudando de nuevo. Sin embargo, me dije a mí misma que ser cordial con él es lo mejor que podía hacer, y le di a llamar.
Los segundos que pasaron mientras estaba comunicando se me hicieron eternamente tensos.
Y entonces saltó el buzón de voz.
Fruncí el ceño extrañada, y volví a intentarlo, con el mismo resultado. Una creciente inquietud se fue apoderando de mí. ¿Le habría pasado algo? El recuerdo de la última vez que le vi no me tranquilizó, precisamente.
Hice un rápido análisis de mis opciones. Ahora mismo, el amigo común que ambos teníamos con el que seguía teniendo la suficiente confianza para preguntarle por Marcos, me dijo la última vez que hablamos que le dejara en paz. No es que culpara a Jake, pero me fastidiaba que me hubiera dicho tan a las claras que no iba a poder contar más con él de momento.
Y una vez más, eché en falta el incansable apoyo de Sara.
Estuve a punto de pegar un grito, cuando alguien me agarró de la cintura por detrás, mientras acercaba los labios a mi oído.
Me di la vuelta como un resorte y descubrí que era el chico de antes.
-Se me había olvidado presentarme.- Susurró con una sonrisa traviesa.- Soy Álex.
-Ah.- Respondí tensa. De repente, el callejón parecía peligrosamente más oscuro y amenazador.
-¿Ya estás mejor?- Preguntó, con voz melosa.
-Sí.
Fui retrocediendo lentamente, según Álex se me iba acercando con una expresión que prefería no interpretar. Hasta que di con la espalda en la pared.
-Así que Miriam…
Apoyó una mano a un lado de mi cabeza en la pared, mientras me estudiaba con una sonrisa.
-Ajá.
-Te noto tensa.- Comentó mientras me acariciaba la mejilla con el dorso de la mano.- ¿Quieres un poco?
Me tendió un vaso de cubata que sostenía con la otra mano, que yo rechacé amablemente.
-No tengo sed, gracias.
-¿Por qué no te relajas? Oye, no va a pasar nada que no quieras. Bebe un poco anda, no va muy cargado.
Mi sentido común me gritaba que saliera de ahí inmediatamente, que me alejara de este tipo que pretendía parecer encantador, y buscara a Lorena para decirla que me iba. Me dijo también que volviera a casa.
Sin embargo, ya que me había escapado, podía tratar de pasármelo bien. Lorena siempre iba a lo loco, y la estaba yendo bastante mejor que a mí, así que, ¿por qué no obviaba a mi sentido común por una vez, y hacía lo que me decía?
-Está bien.
Me tomé un buen trago de su vaso, ante su mirada divertida, y cerré los ojos con fuerza, por lo fuerte que estaba.
-¿Mejor?
-Mejor.- Sonreí tratando de parecer confiada, y me despegué un poco de la pared, acercándome a él más de lo que ya estaba. Con un par de tragos más, vacié el contenido del vaso.
-Genial.
Recorrió con habilidad los pocos centímetros que nos separaban, aunque esta vez su contacto no me pilló por sorpresa. Rodeé su cuello con mis brazos, mientras él me juntaba más a él y me apoyaba de nuevo en la pared.
Sabía mucho a alcohol, pero no me importaba. A estas alturas, poco me importaba ya. También me sentía mareada, aunque apenas prestaba atención a ello, puesto que no habría podido moverme ni aunque hubiera querido.
Entonces, sus manos sobrepasaron el límite, y me separé un poco.
-Para…- Conseguí articular, para mi propia sorpresa.
Volvió a subir las manos sin mediar palabra, cosa que le agradecí silenciosamente.
Todo me daba vueltas… Y una vocecita lejana me gritaba alertándome de algo que no alcanzaba a comprender.
Reprimí un gemido cuando me aupó, acercándome aún más a él. Ya no notaba el suelo, o al menos eso creía. La realidad parecía quedar demasiado lejana, ya.
Lo que sí notaba era la presión de la pared helada contra la espalda. ¿Qué había ocurrido con la cazadora? No era capaz de recordarlo, pero ya no la llevaba.
-Deberíamos irnos…- No sabría decir por qué, pero sabía que era así. Me despegué de sus labios, mientras él me miraba con deseo en la oscuridad del callejón.
-Espera un poco.
Y de nuevo, volvió a besarme, sin que yo me sintiera con las suficientes fuerzas para hacer nada al respecto.
Me apretó con más fuerza contra su cuerpo y yo le rodeé con las piernas, sin separar mi boca de la suya.
Entonces, metió la mano por debajo del vestido, que ya llevaba casi por encima de la cadera, y conseguí reaccionar por fin. Una cosa era querer darles una lección a mis padres y a Carla, y otra bien distinta era esto.
Me separé lo suficiente para hablar, mientras trataba de recolocarme el vestido.
-Tenemos que irnos.- Ahora mi voz era más firme, a pesar de que el mundo me seguía dando vueltas.
Estaba sintiéndome orgullosa de mí misma por conseguir pronunciar las palabras, cuando Álex sonrió malicioso y volvió a apretarse contra mí. Comprendí demasiado tarde que ya no era solo mi decisión.

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